Torreclima - El aire no enfría a gusto de todos

Es en la oficina lo que el mando del televisor en el hogar: frecuente fuente de conflicto, solo que en este caso las consecuencias pueden llegar a traducirse en dolencias físicas e incluso en bajas laborales.

El aire acondicionado, o mejor dicho, la temperatura que marca su termostato, casi nunca alcanza ese punto exacto entre el frío y el calor, entre otras cosas porque la percepción y la sensación térmica es algo bastante personal. Así, para que unos no suden la gota gorda otros deben ponerse, en pleno julio, la rebeca y el pañuelo al cuello. Lo peor es que todo ocurre en el mismo espacio: el centro de trabajo.

La solución podría pasar porque unos y otros aceptaran la recomendación de los neumólogos, que sitúan en los 24 grados centígrados la temperatura saludable para un espacio refrigerado, con una variación posible de dos grados por encima y por debajo. La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ) recomienda además una humedad relativa del aire del 35% al 60%.

Pero lo ideal y lo saludable no parece ser lo real y la recomendación de los especialistas cae, en demasiadas ocasiones, en saco roto. «La gente quiere poner la máquina al mínimo, a 18 y 19 grados. Quieren pasar frío en verano y calor en invierno», asegura Laureano Speranza, gerente de Red Málaga, una empresa especializada en la instalación de aire acondicionado. Speranza mantiene que en los centros de trabajo se suele poner el aire demasiado bajo, «y al final el que tiene frío es el que suele abrigarse». También advierte de que la sensación de calor o de frío es muy personal, «aunque hay baremos medios, depende de la persona y también del sexo y de la edad», añade.

Con la rebeca en verano

«Tenemos negocios en el polígono Guadalhorce en los que las trabajadoras van con rebeca en verano», afirma Ángeles Gallardo, técnica del gabinete de Salud Laboral de Comisiones Obreras, al tiempo que confirma que las diferencias en cuanto a la temperatura soportable son causa de conflicto y de queja. «Nos llegan a través de los comités de empresa, que exponen las condiciones y dan propuestas de solución, como la reubicación del trabajador en otro lugar». La representante sindical cuenta que cuando la solución pasa necesariamente por un cambio de la instalación, «el empresario se niega en redondo».

Los centros de trabajo no incluidos en el decreto promulgado en 2009, a través del cual el gobierno fijó una temperatura máxima de 21 grados en el caso de recintos con calefacción y una mínima de 26 en los establecimientos refrigerados, se siguen rigiendo por una normativa de 1997 que no ayuda mucho en caso de controversia y que de hecho se aleja bastante de las recomendaciones efectuadas por los especialistas.

Tablas bajas

Así, en el decreto 486/1997 sobre condiciones mínimas de seguridad en el trabajo se incluye una curiosa tabla que establece temperaturas mínimas según el tipo de trabajo que se realiza y que, a juzgar por los consejos de los especialistas en neumología -que mantienen que el termostato en ningún caso debe bajar de los 21 grados-, resultan bastante bajas.

Gallardo explica que esta norma establece, por ejemplo, que para los oficios considerados ‘intelectuales’ o que requieren un desgaste físico ligero y que se realizan en posición sentada, la temperatura óptima se situaría entre los 18 y los 24 grados, una horquilla demasiado amplia y que según la representante de Comisiones Obreras, «genera problemas, sobre todo en los casos en los que la salida de aire cae directamente sobre algún empleado», dice.

Para los trabajos con un desgaste físico medio y que se ejecutan de pie la temperatura idónea debe rondar entre los 17 y los 22 grados, mientras que para aquellos en los que se precisa un esfuerzo físico duro el decreto fija un intervalo entre los 15 y los 21 grados.

Fuente:www.diariosur.es

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